El candil
Hace ya tiempo dediqué unas líneas a este objeto en un artículo de nuestra revista local (Alconétar nº 207) con motivo de la publicación de un libro sobre tan curioso elemento de iluminación. Vuelvo a tratar sobre esta pieza, apoyándome en el extraordinario trabajo de investigación que sus autores, los hermanos González Núñez, realizaron en su día. Hoy tiene más sentido hablar sobre el candil al haberse creado la base de lo que será el futuro museo etnográfico de Garrovillas, que cuenta entre su amplia colección con varios ejemplares.
Antes del alumbrado de gas y de la lámpara eléctrica, el candil de aceite fue una pieza que se usó en casi todos los hogares para iluminar cuando oscureciese. Al ser Extremadura una región olivarera no es de extrañar que su uso se expandiese por toda la geografía regional en virtud de la buena calidad de su luz. El candil se solía colgar de la repisa que formaba el borde de la campana de la chimenea, de la candilera o de la espetera de la cocina.
El candil no es más que una lámpara de aceite formada por dos recipientes de metal superpuestos, cazoletas (fig. 4), cada cual con un pico (piqueras) (fig. 5); en el superior se pone el aceite y la torcía (trozo de algodón o lienzo trenzado empapado en manteca o aceite), cuyo extremo asoma por el pico indicado, y en el inferior una varilla con garfio para colgarla, garabato (fig. 1). Existen varias formas de candiles atendiendo a su tipología. El realizado en Don Benito recibe el nombre de "pico pato" por la similitud que presenta en él la piquera con el pico de este animal; el de Torrejoncillo, muy decorado con motivos ornamentales, difiere también del anterior por ser de hojalata y no de forja como aquél.
Como se ha citado, hubo talleres en Extremadura en los que se realizaban este tipo de piezas por herreros u hojalateros: Don Benito, Torrejoncillo, Zarza la Mayor… en los que se podían hacer tandas de hasta 100 candiles.
Nos sorprendería saber la cantidad de poesías y refranes que sobre el candil se han creado, desde el célebre "El Candil de Carlos V" de Ramón de Campoamor hasta el poema que a este objeto le dedicara Federico García Lorca, en su Poema del Cante Jondo; el saber popular también ha creado sentencias y refranes que tienen como tema el candil. Nosotros vamos a tratar de aquéllas que parecen haber surgido en nuestro pueblo.
La sabiduría popular aconseja que debe evitarse tomar de noche especias, (clavo, pimentón, azafrán, etc.) también entiende que es contrario a la razón alumbrase de día con candil: "Ehpecie de nochi y candil de día cosa peldía".
Para avivar la luz del candil la mujer solía atizar su llama con la candileja, alambre que colgaba de algunos de estos ejemplares, o con la horquilla del moño, cuando esta pieza no existía. Esta acción daría lugar a la adivinanza siguiente: "Burru de jierru/ albarda de linu,/ y con un palinu,/ ¡jarre burrinu!" (El candil).
En verano, a partir del 28 de agosto (San Agustín) los días empiezan a ser más cortos y es necesario aderezar el candil, de este hecho surgió el refrán: "Pol San Agusthín, jila la mocita junt'al candil"
El nombre de esta pieza también aparece en la letra de algunas canciones de tono picante: "Que te vi, que te vi/ con la puerta cerrá/ y apagau el candí/… Tu madri tuvu la culpa/ pol dejal la puerta abierta/ y yo pol metelmi adentru/ y tú pol estalti quieta."
También es picante esta otra coplilla que alude a la ausencia de los padres de la novia cuando el novio visitaba la casa de ésta: "El candil se va a apagal/ y mi madri no está aquí,/ no te digu que te vayas/ peru qué pintas aquí."
Por los años veinte del pasado cuando los niños jugaban en Garrovillas podía oírse también esta cantinela, con ligeras variantes en otros pueblos:
"1. Una,/2.doli,/3.teli,/4.catoli,/5.quili,/6.quileta,/ 7.estaba/ 8.la Reina/ 9. detrás/ 10. de la puerta/11. vinu Gil/12. y le apagó/13.el candil,/ 14.candil,/15.candilón,/ 16.cuéntalah/ 17. bien,/ 18. que las/19. veinte /20. son/."
Nos parece excelente la idea de recuperar estos objetos que tantas noches iluminaron los hogares garrovillanos en un tiempo ya remoto, no sólo por constituir una pieza que forma parte de nuestra cultura, sino porque, como hemos visto, dio también lugar a toda una serie de canciones, refranes y sentencias, surgidas de la sabiduría popular, que encierran verdades y modos de vida ya desaparecidos.
José María Velaz ®