·                     Autor: José María Velaz Pascual  

·                     Publicación: 30 de Noviembre de 2007

·                     Páginas: 191

·                     Categoría: estudio histórico-artístico

 

Argumento:

El conjunto monástico de San Antonio de Padua, parece haber surgido tras una promesa de la señora de Garrovillas, la condesa doña Mª Teresa de Guzmán.

 Con el transcurso de los años, y según refieren las Crónicas franciscanas, éste comenzó a medrar. En el siglo XVI se dota a la comunicad de una huerta de considerables dimensiones. Se eleva la limosna a 20 fanegas de trigo y treinta de cebada, que junto a las ayudas de los pueblos que integraban la guardianía contribuyen a sostener a la comunidad franciscana, que llegará a superar en el siglo XVIII el número de 30 religiosos.

Tras la ruina que amenaza el conjunto, a mediados del siglo XVII, por la guerra con el vecino Portugal, y la disminución de las haciendas, llegó  la buena acción del poderoso conde don Luis Enríquez, representante de Felipe IV en Ultramar, que pidiendo dineros en los obispados de Perú logró "reedificar, adornar e ilustrar esta iglesia y convento", según reza la inscripción de una de las capillas funerarias, y corrobora la documentación del Archivo de Indias de Sevilla.

La desamortización de los bienes eclesiásticos ocurrida en la primera mitad del siglo XIX tendrá unas consecuencias muy negativas para este inmueble, al igual que para otros muchos que se levantaban en la provincia. La documentación del Archivo Municipal de Garrovillas, del Archivo Diocesano de Cáceres, así como un documento de carácter privado datado en el siglo XIX, nos arroja dados muy esclarecedores al respecto, sobre las imágenes sagradas, reliquias, obras pictóricas, esculturas, etc. que corrieron  desigual suerte tras el proceso desamortizador, siendo, en el peor de los casos, vendidas o destruidas.

Durante el siglo XX el inmueble se utiliza como establo, sala de esquilar oveja, los sepulcros de los condes son profanados…